El día después.
Queda con esa sensación de vacío.
Acabar un gran proyecto, uno que te emociona, lleva a un momento de pausa, para disfrutar las emociones. Pero poco después te lleva a una sensación de vacío: “¿Y qué sigue? ¿Qué hago a continuación?”.
Y no es muy difícil saber qué sigue: Escribir. Publicar. A diario. Poco a poco. Acá, todos los días. A veces, en X o en el blog. O en otras plataformas. Y eso no se va a parar. O, como dice mi lema, en X: “Leyendo, pensando, escribiendo. No necesariamente en ese orden”.
Todos sabemos que algunos grandes magnates o emprendedores se visten siempre igual. Steve Jobs con sus cuellos de tortuga negros. Zuckerberg con sus playeras grises. Sí, de marcas caras, donde una playera o un cuello de tortuga valen más que un traje. Y se compraban al por mayor, para desecharlos sin tener que lavarlos. ¿Su lógica? “Una decisión menos al día. Si me visto siempre igual, no tengo que pensar qué me voy a poner. O peor: nadie se va a poner a elucubrar que traigo una corbata de payasos, porque me voy a burlar del director de una empresa en la junta, o para reafirmar mi aura de bromista, cuando no pretendo ninguna de las dos. Me visto igual y saco una variable de la ecuación, para bien”.
Y yo, lo que tengo para ponerme todos los días son “las ganas de escribir”. La duda viene si es momento de empezar algo nuevo, editar algo tranquilo atrasado, de hacer un nuevo video o texto para el blog, o, como me han sugerido, empezar acá un blog de audio, con entradas breves, pero… a diario.
En fin, sea como sea, hoy es día de descanso (tras este breve texto) porque hay una atípica actividad vespertina que puede ser muy buena y muy prometedora. Y para pausar un poco la mente y saber qué haremos… mañana.



Una pausita
para retomar fuerzas:
¡Con plena actitud!