Discrepancias.
A ratos pasan, pero…
Por supuesto que en este mundo tenemos distintas opiniones, muchas basadas en nuestra propia experiencia y que reflejan nuestros valores, nuestra manera de ver el mundo y la manera en que queremos resolver las dificultades.
El problema estalla cuando tenemos choques por estas visiones diferentes. Alguien tiene un enfoque muy práctico, basado en sus propias experiencias, y critica el enfoque de la otra persona, basado en otras experiencias diferentes y que tienen otro valor.
Entiendo, por supuesto, la preocupación de quien entiende un problema a partir de experiencias diferentes a las mías. Y agradezco su preocupación.
Pero del otro lado, también preocupa que se pretenda acallar o avasallar mi propia opinión. Por algo he tomado las decisiones que he tomado; no son las mejores para muchos, seguro hay otras maneras de hacerlo, tal vez tienen errores o no son las más prácticas. Pero son las que resuenan conmigo.
Son mis decisiones, basadas en mi experiencia, y que me llevan a los resultados que busco.
Por supuesto, no espero que alguien más las comparta al 100 %, pero seguro que espero un poco de apoyo a lo que he decidido. O, al menos, respeto.
Sale esto a colación porque, por supuesto, entiendo que hay amigos que están preocupados por lo que está pasando, que operan en buena fe y que consideran que su opinión es bastante sólida y fundamentada. De hecho, tienen bastante razón.
Pero fallan un punto básico: no respetan mi libertad de decidir.
Si he optado por una vía y no por otra, es porque hay algo de fondo que me hace decidirlo así y no de otra manera.
Y si además no me dejan exponerlo, no me queda más que desechar esa opinión opuesta a lo que pienso sin siquiera considerarla, aunque tenga mérito.
No porque no tenga argumentos suficientes, sino porque no tiene la empatía y el respeto necesarios para poderla considerar en serio. Si me quieres imponer algo, te aseguro que automáticamente lo ignoraré al 100 %. Por mucho que tengas razón.
Por ejemplo, yo no estoy de acuerdo con las decisiones que tú tomaste en cierto tema, pero tengo que respetarlas, porque son tus decisiones, enfocadas en tu experiencia y tu conocimiento. Hay muchas partes con las que no estoy conforme con lo que hiciste, pero lo haces con total convicción y conocimiento y en eso no me queda más que apoyarte; espero lo mismo.
Sí, entiendo que hay historias de vida que tienen un peso específico y que por lo mismo mis decisiones te resuenan mal, pero del otro no sabes por qué llegué a las decisiones a las que estoy llegando. Y, si aún no me has preguntado cómo van los resultados, o si creo que está valiendo la pena, lo que haces suena a juicio y no a apoyo.
Tal vez si hubieras escuchado más, entenderías a qué me refiero.
En fin, vaya esta carta abierta porque entiendo que hay gente preocupada, pero que no se le olvide que hay roles diferentes y hay que apegarnos un poco a ellos. Y que, al final, uno es responsable de sus decisiones y de las consecuencias que tengan.
Así ahora: tal vez me equivoque a un alto costo. O, tal vez, solo tal vez, lograré los objetivos que busco, de la mejor manera posible y haciendo lo que creo correcto. De cualquier manera, es una victoria. Parezca lo que parezca.



Se vale opinar,
mas no imponer críticas
como consejos.