Días normales, ya no hay de esos…
Cuando la rutina se vuelve apenas unos momentos.
Hace poco me he dado cuenta de un bonito detalle. Mis días dejaron de ser rutinarios. No me siento atrapado en las rutinas cotidianas.
Sí, empiezan con las mismas tareas todos los días y ya les ha platicado de algunas de ellas. Un poco de meditación, un poco de ejercicio, el desayuno…
Pero a partir de ahí se vuelven atípicos; cada día es diferente, cada actividad es distinta. No se puede decir que se repitan todas en los mismos días.
Cabe destacar que la rutina vuelve a empezar por ahí de las 10 de la noche. Las últimas dos horas hago todos los días lo mismo antes de dormir. El resto del día es bastante aleatorio.
Si ustedes se asoman a mi lista de tareas, empieza cada día con unas 70. Algunas se pueden hacer rápido, otras lento. Las hay que ocupan un par de minutos o menos; otras están incluidas para poder sentir que puedo hacer cosas que avancen la lista de golpe, aunque en realidad sean breves.
Escribir para Substack es algo de todos los días. Pero a veces a las 9, a veces a las 11; siempre antes de la 1:45 p.m. Establecí ese horario porque era “la hora muerta” en mi anterior oficina: Ya habías acabado lo de la mañana, ya habías salido de las juntas de las 11 o las 12, y aún no llegaban los pendientes nuevos del día, porque todos los demás estaban preparando lo que te iban a pedir para esa tarde o para la mañana siguiente. Y descubrí que para muchos de mis lectores es buena hora: Dista un poco de la comida, pero ya pasó la mañana, y…
No se burlen: tender la cama es una de mis tareas cotidianas. Pero inspirada en el libro “Tiende tu cama” de William McRaven. Pequeños hábitos repetidos cambian tu mundo…
Por supuesto, el tratamiento médico tiene varias, porque hay una alarma para cada hora en la que hay que tomar determinada medicina. Sin embargo, no suman más de 10, así que tampoco es grave.
También a veces son los pagos. De una tarjeta, el día 13. De otra, el 21. No falta el pago de servicios, cada mes o cada bimestre. La verificación del auto cada seis meses. El pago de tenencia, una vez al año… Todo está en la lista de pendientes. Algunos, repetidos en automático.
En fin, lo que me ha llamado la atención es que ya no tengo días rutinarios, de llegar a la oficina a determinada hora, hacer determinada reunión todos los lunes, de ir o no a ciertas tareas… y entonces, cuando vas acumulando los resultados, cada día es diferente y distinto. No coinciden, son diferentes.
Y algunas tareas se repiten a lo largo de la semana de manera infalible. Hay que estar, hagas o no hagas. Sí, el jueves a las 8 toca radio, y la rutina empieza con eso en mente. Sí, el domingo a las 9 vamos a misa. Al menos 50 semanas al año. Fuera de eso, no hay dos días iguales.
Pero si te pones a pensar en tus días, verás que tampoco son del todo rutinarios.
Aunque cada día tengo un amanecer y un atardecer, cada día son diferentes y eso, eso, queridos amigos, es la maravilla de la vida: todos los días iguales, todos los días distintos.


