Aprender a ver
Las oportunidades están allí.
Muchas veces lo que nos detiene es no ver las oportunidades adecuadamente.
Hay por lo menos cuatro grandes negocios que se han vuelto famosos, millonarios o ambos, que vi de cerca antes de que se quedaran.
Incluso en algunos de ellos hablé con los fundadores. Podrías decir que “les di la idea” y los argumentos para hacerlo realidad. Por supuesto, no me sentía con la capacidad, el ingenio o el dinero para hacerlo realidad yo.
Pero bueno, ahí están, se hicieron exitosos, han acumulado riquezas y yo nada más con el orgullo de decir: “Lo vi cuando iba a salir y se me ocurrió” o “yo le sugerí la idea”, pero al final, ni un descuento obtengo porque no hice lo que se requería: llevarlos a la práctica o pedir reconocimiento.
Del otro lado me he encontrado nuevas ideas que están creciendo y en las cuales ya aprendimos a ver que hay oportunidades.
Hay un boletín que leo con frecuencia —unas 4 veces a la semana—, Esto Crece, y justamente en una de las lecciones recientes escribían sobre eso, cómo hay oportunidades que se dejan ir y gente que crea oportunidades que no son las que esperaban.
Por ejemplo, una historia reciente de una muchacha que descubrió que los grandes emprendedores, CEOs o fundadores de empresas de tecnología tienen una gran dificultad. No tienen ni tiempo ni ánimo de establecer relaciones personales, pero eventualmente, sienten que les hace falta.
Esta mujer descubrió que podía perfectamente ser una escort de lujo, pero que dedicara más tiempo a platicar con ellos que en tener trato carnal. Eso sí, tiene que prepararse, estar enterada del mundo de la ciencia, la tecnología y el desarrollo empresarial, y no olvidar que, lo que le digan en la intimidad, se queda como secreto.
Al final, cobra al menos cuatro veces más que las escorts más guapas que solo se dedican al placer carnal; tiene su agenda llena por meses y reporta que cuatro quintas partes del tiempo están platicando, dialogando y comentando, es decir, como las viejas geishas japonesas que fungían principalmente como damas de compañía y su rol sexual era uno muy pequeño, aunque era por lo que eran públicamente conocidas. Pero estaban formadas en música, en filosofía, en historia y podían sostener pláticas muy complicadas con nobles y ricos sin desmerecer, en un entorno normalmente vedado para las demás mujeres.
El chiste es aprender a ver las oportunidades que están ahí y poderlas llevar a la práctica. Esta semana, y aprovechando que me dieron algo más de plazo en el proyecto que les había comentado que estaba agendado para ayer, que ya está en marcha de cualquier manera, estaré desarrollando una de estas propuestas. Y no, no como acompañante de lujo.
Ya les contaré cómo me va. Pero bueno, mi recomendación de hoy es: observen, observen, observen; aprendan a ver lo que los demás ignoran. No de balde esta página se llama Dichos y Bichos, y ya les he dicho que la sección de Bichos es justamente porque viene de observar constantemente la naturaleza: la naturaleza humana, la naturaleza en su estado salvaje y las oportunidades sociales que hay alrededor.
Aunque no siempre pase a la acción, que es el siguiente paso para mí… Y que les recomendaré imitar en cuanto logre vencer el “síndrome del impostor”.


